Blog ACM: El legado de las oportunidades

Fecha • 20 octubre, 2026

Por: Juan Sebastian Martínez – Director Económico ACM

Juan José Echavarría resumió en una frase una realidad de la que no podemos ser ajenos: “El crecimiento es lo mejor para la reducción de la pobreza”. Luis Pedro España, en entrevista para el libro “La economía del caos” de Victor Salmeron, plantea la misma situación desde un enfoque diferente cuando analiza la economía venezolana de los años 80: “la razón fundamental por la cual se empobrece la población es por la caída del producto interno bruto. No es cierto que los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres; la verdad es que todos se hicieron más pobres, incluidos los ricos.” También analiza el libro lo insostenible que fue sostener el crecimiento económico en el consumo de los hogares y no en el del aparato productivo. Son muchos ejemplos los que evidencian que el crecimiento solo es sostenible en el tiempo cuando se basa en el desarrollo del tejido empresarial y la minería, aquí, juega un rol fundamental como motor de otras industrias, aquellas que encuentran un nicho en la proveeduría del sector minero para apalancar sus oportunidades.

Ejemplos internacionales dan cuenta de esto. Chile, entre 1990 y 2004, creció en promedio 5,6% anual al ritmo de su producción de cobre – su PIB per cápita pasó de USD 2.487 a USD 6.120 –, redujo la pobreza en 32% y aumentó su producción industrial en 150%. De la mano, las exportaciones de los proveedores mineros chilenos vienen creciendo y ya superan el billón de USD en ventas externas. Empresas que nacieron para atender a la mina y terminaron vendiéndole al mundo. Perú, entre 2000 y 2009, creció a un promedio de 5,4%, redujo la pobreza en 23% y su producción industrial aumentó 170%. Botsuana, de la mano de sus diamantes, pasó de un PIB per cápita de USD 500 a USD 7.000 entre 1970 y 2007. En Australia, el sector de equipos, tecnología y servicios para minería ya aporta el 12,4% del valor de la economía australiana, en donde el 84% de las empresas son de capital australiano y avanza en la diversificación hacia otras industrias: robótica, analítica de datos y procesamiento de minerales. Alrededor del complejo minero de Sudbury, Canadá, operan más de 300 firmas proveedoras que emplean a más de 14.000 personas y exportan más de 3 billones USD al año.

Crecimiento económico y reducción de la pobreza durante los auges mineros
(%) periodos seleccionados

En Colombia, el sector minero no es ajeno a esta realidad y realiza de manera permanente esfuerzos para fortalecer el aparato productivo local y vincularlo a la cadena de valor de la minería, de tal manera que el crecimiento del sector venga acompañado de oportunidades de desarrollo sostenibles y de largo plazo en los territorios. La Encuesta de Desarrollo Sostenible ACM da cuenta de ello: transporte, alimentación, hospedaje, mantenimiento, metalmecánica y dotación se contratan, en su mayoría, con empresas de las zonas de influencia. Hay empresas que pagan decenas de miles de millones de pesos al año a pequeños mineros formalizados de su entorno, otras que hacen más del 90% de sus compras en el país y capacitan a decenas de proveedores locales, y microempresas de mujeres – exmineras – hoy facturan cientos de millones de pesos confeccionando la dotación de las operaciones.

En Colombia la mayor parte de estos encadenamientos aún se concentra en bienes y servicios que se prestan en sitio. El salto que dieron Chile, Australia o Canadá – de proveer a la mina a exportar ingeniería, tecnología y conocimiento – requiere escala, y la escala solo la da un sector que crece. Cada proyecto que no se desarrolla son cientos de proveedores que no nacen.

La minería no se puede ver como un elemento aislado del crecimiento económico del país sino como un eje estratégico del desarrollo territorial, tiene la capacidad de impulsar nuevas industrias en los distintos momentos de la cadena de valor minera. Una mirada estratégica para el sector impulsará el crecimiento sostenido que requiere el país.